Unas 20 personas están confinadas en bungalows en campings de Punta e Isla

En su gran mayoría son extranjeros procedentes de Reino Unido, Bélgica, Alemania, Holanda o Francia, y están repartidos en dos campings: La Bota (Punta Umbría) y Giralda (Isla Cristina)

Prácticamente todos son extranjeros jubilados que se desplazan en autocaravana, y que pasan largas temporadas en nuestro país, especialmente el invierno huyendo del gélido clima de sus países de origen. Pero en este caso se ha cruzado en sus caminos un elemento inesperado, la crisis sanitaria del coronavirus, que les obliga a permanecer confinados en bungalows de dos campings de la costa onubense ante las dificultades de regresar a sus países de origen por estar todo cerrado, incluidas las fronteras.

Son aproximadamente unas 20 personas, en su gran mayoría del Reino Unido, Bélgica, Alemania, Holanda o Francia, y están repartidos en dos campings de la costa de Huelva: La Bota (Punta Umbría) y Giralda (Isla Cristina), desde los que prácticamente pueden tocar con la punta de los dedos la ansiada playa, a la que por la actual situación no se han podido acercar desde hace ya más de dos semanas.

Ambos campings, como los otros diez con los que cuenta la provincia onubense, permanecen cerrados por el estado de alarma derivado de la pandemia del covid-19 en nuestro país, aunque cuentan con servicios mínimos para atender las necesidades básicas de esta veintena de turistas extranjeros de larga estancia que, de momento, no pueden regresar a sus países.

El administrador de la instalación isleña, Saturnino Jiménez, ha indicado a HuelvaCosta.com que su camping está cerrado al público, así como también lo están todos los servicios comunes: duchas, bar, aseos, WC, y que la docena de extranjeros que permanecen en el mismo «solo pueden disponer de las infraestructuras de su bungalow o autocaravana».

Los campistas que se han quedado, añade por otra parte Jiménez, es porque han decidido pasar aquí el confinamiento dadas las dificultades que para regresar a sus países. Un confinamiento que, según el responsable de la instalación, es «casi más duro que el del resto de españoles por las normas que les hemos impuesto para que pudieran quedarse y que se comprometieron a cumplir por escrito como salir solo dos veces por semana a comprar productos esenciales». Además, explica, tampoco pueden pasear por el interior del camping y solo se les permite salir de sus parcelas para que sus perros hagan sus necesidades, siempre dentro de la instalación. 

Los que quedan son una mínima parte de los que había, ya que según Saturnino Jiménez cuando se inició la crisis habría a unos 200 extranjeros. No obstante «casi todos decidieron marcharse a sus países, para lo cual tuvimos que contactar con sus embajadas, que tuvieron que expedirles una especie de salvoconducto, sobre todo para poder cruzar las fronteras».

Steven Bernard (60 años) y Annemarie Macfarlane (55 años), son una pareja londinense que pasa en España largas temporadas con su autocaravana y que, siendo la primera vez que vienen al camping Giralda de Isla Cristina, les ha pillado allí el inicio del confinamiento. Para evitar que estuviesen encerrados en una autocaravana, el camping les ofreció un bungalow del que aseguran salir solo para comprar dos veces por semana.

Según indica Steven no intentaron volver a su país «por no correr el riesgo de quedarse tirados en la calle y dando vueltas por España» ya que está todo cerrado, también las fronteras, y el ferry del canal de la Mancha entre Francia y Reino Unido no está operando.

Afirman que están bien y que hacen vida normal en el bungalow, que les ofrece lo necesario, y en el porche de la parcela. «Estamos como todos los españoles –asegura- y entendemos cuales son nuestras obligaciones, que cumplimos a rajatabla, a pesar de la rabia que nos da estar a 50 metros del mar y, con este clima, no poder acercarnos».

Igualmente afirman sentirse «afortunados» porque otros campings de España y Portugal «cerraron y obligaron a los campistas a irse», y en su caso se les ha ofrecido esta alternativa. Además, concluye Steven, «tanto nos está gustando este lugar que estamos pensando comprar algo por aquí para quedarnos».

El caso de María Piedad Calado es distinto al de Steven y Annemarie porque llevan ya una década pasando el invierno en este camping isleño. María Piedad es de ascendencia española, aunque nacionalizada en Bélgica, país al que se fue con solo ocho años y en el que vive desde entonces en Amberes. También desde hace ya más de dos semanas está confinada en su parcela con su pareja, Harry Faes, también belga.

En perfecto castellano asegura que este año «hemos tenido la mala pata de que nos ha pillado todo esto del coronavirus aquí». Igualmente afirma que decidieron quedarse aquí confinados porque «regresar con la autocaravana a Bélgica son mínimo cinco días de viaje, y no sabíamos que nos íbamos a encontrar por ahí porque están todas las fronteras cerradas. Te arriesgas a quedarte tirada y por ello agradecemos que el camping nos haya ofrecido esta posibilidad, aunque cumpliendo unas estrictas normas que hemos firmado y que hacen que nuestro confinamiento sea incluso más severo que el del resto de españoles».

«Al principio nos planteamos que aquí íbamos a estar muy lejos de nuestros hijos y resto de familiares -añade-, pero en Bélgica tampoco íbamos a poder verlos porque también está limitada la movilidad». «Aquí estamos solos, con nuestros perros, tranquilos y viendo cómo pasan los días, y a pesar de que podemos salir dos veces por semana a comprar solo lo hacemos una porque no queremos exponernos al virus», concluye.

En La Bota, por otra parte, hay cuatro familias –ocho personas– y, aunque una de Alemania ha tratado de regresar a su país, desde la embajada «le han aconsejado que permanezcan allí» por la situación actual y por «las nevadas que se están produciendo en Alemania» ya que «van en autocaravana». Por esto, en este camping mantienen el servicio mínimo de vigilancia y atención a sus clientes, según fuentes del mismo.

De momento estos campings se mantienen cerrados, sobre todo las zonas comunes para que los clientes no tengan contacto y evitar contagios, pero prosiguen con este servicio dentro de los supuestos que recoge el decreto que ordena el cierre de hoteles y complejos turísticos, que permite seguir alojando a los clientes de temporada.