En busca de los restos perdidos

Sus restos descansan de forma casi anónima desde hace ya 48 años en el cementerio de Lepe. Sin lápida, y solo con una inscripción manuscrita con trazo grueso en pintura negra que reza: «Osario 84 BMO». Así lo pidió Bella Márquez Oria antes de fallecer a los 92 años de edad, anegada de pena.

Fue un deseo con una condición. Su tumba se mantendría así, en tanto en cuanto no reposasen junto a ella los restos de dos de sus cinco hijos, José y Bernabé Santana Márquez, que fallecieron en el año 1938 en el frente durante la Guerra Civil española. Se los llevaron un día de casa, y no regresaron.

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Después del fallecimiento de ambos hermanos hace ya 83 años; tras media vida añorándolos sin conocer el paradero de sus restos mortales; y una vez pasado casi medio siglo desde que fuese enterrada en su humilde osario, el deseo que se llevó a la tumba esta vecina de Lepe está ahora a punto de hacerse realidad gracias al empeño de sus dos sobrinas-nietas Bella Gema Contreras Mendoza (40 años) y María Bella Prieto Contreras (42 años).

Ambas primas se propusieron hace ahora nueve meses culminar la casi imposible tarea de localizar los lugares donde reposan los restos de sus dos tíos-abuelos -José y Bernabé-; exhumarlos, identificarlos, y finalmente traerlos de vuelta a Lepe para recuperar y dignificar su memoria, y para que su bisabuela Bella Márquez Oria, así como también su abuela –y hermana de los desaparecidos- Isabel María Santana Márquez, puedan descansar eternamente en paz.

Sabían que el camino iba a ser «largo y complicado». Partían de cero. Apenas contaban con algunas de las cartas que José y Bernabé remitieron a su madre desde el frente. Pero a pesar de ello decidieron iniciarlo, en un principio por su abuela, Isabel María, la hermana pequeña de José y Bernabé, la cual «vivió y murió» sin olvidar ni un solo momento la trágica historia de sus dos hermanos, señala María Bella Prieto. «Nos leía sus cartas, nos contaba sus historias, no pasaba un día sin que los recordase, hasta que falleció con la gran pena de no haber podido encontrar sus restos». Y por supuesto también por su bisabuela, Bella Márquez Oria, que murió «loca de pena por la pérdida de sus hijos», y cuyo deseo fue ser enterrada sin lápida al no saber dónde descansaban sus restos.

El recorrido de estas dos primas por la historia, y también por los sentimientos de toda una familia marcada por la terrible pérdida, se inició con una búsqueda en un grupo de desaparecidos en la Guerra Civil en una conocida red social. «Los tengo que encontrar sí o sí, aunque sea lo último que haga», afirma con rotundidad Bella Gema.

Tras solicitar adscribirse a dicho grupo, y realizar las primeras consultas, inmediatamente obtuvieron el desinteresado apoyo de numerosos historiadores, arqueólogos y otros expertos en la materia, que según ésta misma «han hecho posible que hoy tengamos tanta información sobre nuestros familiares desaparecidos, que los hemos localizado».

Lo de José, el mayor de los dos hermanos, fue más fácil porque ascendió de rango en el ejército. Ya saben por documentos que lo acreditan que falleció el 11 de junio en el hospital militar de Vistabella (Castellón), aunque sus restos reposan actualmente en Estella (Pamplona), localidad a la que pertenecía su batallón y a la que por tanto sus restos fueron trasladados en la década de los 60 del siglo pasado. Están en un panteón militar junto con otros muchos cuerpos, y «estamos pendientes de que nos autoricen exhumarlos para las pruebas de ADN».

Pero el caso de Bernabé ha sido mucho más complicado, que no imposible para estas dos primas dispuestas a darlo todo para encontrarlos. De hecho, ya saben que falleció en combate el 5 de abril del año 1938 «de múltiples heridas» en la Batalla del Alto Tajuña, en Abánades, y que sus restos descansan en una de las dos fosas comunes que hay en el cementerio del pequeño municipio vecino de Sotodosos. Todo ello según su certificado de defunción, el cual han hallado gracias a la ayuda recibida.

Una historia muy triste, pero a la vez apasionante

Según relatan las dos primas leperas, que para iniciar esta aventura han contado con el apoyo de todo el resto de familiares, a José y Bernabé «se los llevaron muy jóvenes al frente, recién terminado el servicio militar, y se los llevaron obligados». Su bisabuela, Bella Márquez Oria- era ya viuda y criaba cinco hijos: María Bella Santana Márquez –la primogénita- José, Bernabé, Manuel e Isabel María, la más pequeña y abuela de Bella Gema Contreras y María Bella Prieto, quienes cuentan que «también quisieron llevarse a Manuel -el menor de los tres hermanos-, pero tras mucho suplicar nuestra bisabuela para que no la dejasen sin ningún varón en casa, logró convencer a los militares».

Aseguran que sus dos tíos combatieron a las órdenes del bando sublevado –autodenominado a sí mismo Bando Nacional- «como les podría haber tocado con el contrario», aseguran, porque «ellos nunca quisieron ir a la guerra». «De hecho, añaden, «se los llevaron lejos de Lepe, al norte, para que no pudieran venirse», como puede extraerse de sus cartas, remitidas desde lugares como Pamplona, Teruel, Castellón o Guadalajara.

En este sentido, Bella Gema y María Bella añaden que, pese a que Lepe se sitúa a pocos kilómetros de la frontera portuguesa, y a que «muchos de los que tenían más dinero se marcharon al país vecino» para esquivar su participación en la contienda, sus antepasados, por ser de una familia humilde jornalera, no tuvieron la capacidad económica para ello».

En sus cartas ambos hermanos afirmaban que lo pasaban muy mal, que tenían mucho frío y hambre, y que continuamente se producían bajas de sus compañeros. Es por ello que pedían en ellas a su madre que les enviase sobre todo muchos calcetines para protegerse del frío las manos y los pies. También le pedían papel de fumar. De ellas se extrae también sus miedos e incertidumbres, y un enorme deseo de regresar a Lepe.

Pero sin duda lo que más repetían en sus cartas era lo que echaban de menos a su madre. «No hay una sola de ellas donde no hicieran alusión a esa añoranza», apuntan Bella Gema y María Bella.

Un viaje para honrar la memoria de sus seres queridos

Las dos primas leperas, junto a algunos familiares más, esperan con impaciencia estos días el viaje que tienen previsto hacer a la zona donde falleció Bernabé, en la provincia de Guadalajara. Quieren conocer el campo de batalla –donde éste cayó víctima de múltiples heridas-, Sotodosos –en cuyo cementerio se encuentra la fosa común donde descansan sus restos- y Abánades.

En esta última localidad los responsables del Museo Histórico, que están apoyando a esta familia de Lepe desde el principio, esperan igualmente la visita para inaugurar en dicho espacio un retrato de Bernabé Santana Márquez–. La familia lepera también dejará flores en el camposanto y realizarán una misa en recuerdo de su familiar fallecido. Y es que, hacer memoria es fundamental para todos.

En dicha comarca cayeron numerosos soldados de ambos ejércitos durante la «Batalla del Alto Tajuña», también conocida como «Batalla Olvidada», una ofensiva fallida del Frente Popular que dejó un total de 7.000 muertos. Durante la misma, la unidad militar a la que pertenecía el joven lepero participó en diversas acciones bélicas entre el 1 y el 12 de abril de 1938. El día 5 de abril cayeron 29 miembros de la unidad, según el Ministerio de Defensa en respuesta a una petición de información realizada por la familia, y todo apunta a que uno de ellos fue Bernabé Santana.

Sin embargo, y según también afirman desde el Gobierno de España, «consultada la lista de caídos no hemos encontrado el nombre de su tío–abuelo». Motivo más que suficiente para realizar la exhumación de los cuerpos que yacen en las dos fosas de Sotodosos, con el fin de confirmar las identidades de las personas allí enterradas, y que sus descendientes puedan darles digna sepultura.

Hay que recuperar y poner en valor el recuerdo de estas personas, que no pueden caer en el olvido ya que en el caso de los antepasados de esta familia lepera «fue una vida muy dura». Por ello son de vital importancia las gestiones en pro de la recuperación de la memoria histórica tanto del Museo Histórico de Abánades, como de diferentes ayuntamientos de la comarca, que están apoyando a esta familia para poder homenajear a Bernabé. También han contado en todo momento con el apoyo del Consistorio lepero.

«Hemos hablado con los alcaldes de la zona y están preparando los papeles para que los arqueólogos puedan intervenir en las fosas comunes de Sotodosos», afirman satisfechas, y ya con lágrimas en los ojos, las dos primas leperas. Es el fruto de nueve meses de duro trabajo.

«Si Dios quiere y nos da salud, hasta que no los traigamos no vamos a descansar. Ya hemos hecho lo más complicado y no vamos a parar hasta que sus restos, su dignidad y su memoria, descansen para siempre en su pueblo y junto a los suyos», concluyen emocionadas.