Cuatro heridos en la colisión frontal de dos turismos en San Juan del Puerto

Cuatro personas resultaron heridas este miércoles en San Juan del Puerto, como consecuencia de la colisión frontal entre dos turismos en la carretera nacional N-435.

Efectivos del Dispositivo de Cuidados Críticos y Urgencias de Atención Primaria del Distrito sanitario Condado Campiña fueron los encargados de atender a los heridos, que tuvieron que ser evacuados a un centro sanitario: uno de ellos por e el Equipo Móvil, otro por la ambulancia convencional de Trigueros y los dos restantes por el Servicio de Urgencias de Atención Primaria de San Juan del Puerto.

Por el momento no ha trascendido la gravedad de las heridas de las cuatro personas siniestradas.

Al lugar del accidente también se desplazaron efectivos del Consorcio Provincial de Bomberos de Huelva, Guardia Civil de Tráfico y Policía Local de San Juan del Puerto, quienes facilitaron a los sanitarios una asistencia segura a los heridos.

Llamamiento de una refugiada ucraniana en Isla Cristina para ayudar al ejército de su país

Se llama María Nesterovych y es una refugiada de la guerra de Ucrania que ha llegado a Isla Cristina hace escasas semanas con otras 11 personas, casi todos familiares y especialmente mujeres, niños pequeños -entre ellos su hija de tres años- y personas mayores, ya que los hombres se han quedado para defender su país de la invasión rusa, y además, es voluntaria colaboradora con el ejército de Ucrania.

Y precisamente para ayudar a las tropas de su país, ha iniciado nada más llegar a la localidad costera de Isla Cristina una campaña para recoger alimentos, medicamentos, y material de protección para los soldados.

No te pierdas sus sobrecogedores testimonios en esta entrevista, en la que responde en su idioma ya que no sabe hablar en castellano por llevar pocos días en nuestro país, pero que traduce Alla Pelyshanko, otra ucraniana residente en Isla Cristina.

Muere una persona en el incendio de una chabola en Lepe

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Una persona ha fallecido en el incendio de una chabola ubicada en las inmediaciones del cementerio de Lepe registrado a primera hora de la mañana de este jueves, según ha informado el servicio Emergencias 112 Andalucía.

El Teléfono de Emergencias 112 ha atendido a las 7:05 horas de la mañana la primera de numerosas llamadas que alertaban de un incendio en una chabola junto al cementerio.

Rápidamente, desde el centro coordinador se alertó al Consorcio Provincial de Bomberos de Huelva, a Guardia Civil, a Policía Local de Lepe, al Centro de Emergencias Sanitarias 061 y a Cruz Roja.

Una vez en el lugar, los bomberos han confirmado el hallazgo del cuerpo sin vida de una persona en el interior de una chabola, la cual se hallaba aislada sin que ninguna otra infravivienda haya resultado afectada por las llamas.

Imagen de archivo del incendio de una chabola en Lepe

Ayamonte incorpora una nueva máquina para la mejora de las zonas verdes y ajardinadas

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El Ayuntamiento de Ayamonte ha adquirido una nueva máquina cortacésped para el mantenimiento de las numerosas zonas verdes y ajardinadas de la ciudad que redundará en la mejora de la imagen del municipio, como ha señalado el teniente de alcaldesa responsable del Área de Parques y Jardines, Javier López.

La nueva máquina, que permite actuar sobre grandes superficies, recicla el césped cortado, por lo que no es necesario recogerlo, aumentando así el rendimiento de corte.

Esta inversión se suma a la reciente adquisición de otras herramientas, como la de una cosechadora para la retirada del fruto de los naranjos, por vibración, que permite acelerar estos trabajos al tiempo que evita la suciedad que supone la caída de las naranjas en la vía pública con el consiguiente peligro para los viandantes y su seguridad, así como de una nueva desbrozadora, que permitirá, además, la eliminación de pasto y hierba seca, lo que representa una medida antiincendio.

En palabras del edil, estas nuevas herramientas contribuirán también a optimizar los trabajos de jardinería y facilitarán la labor de los operarios de este servicio.

La matanza tradicional del cerdo ibérico: la antigua hucha del pobre

Los primeros rayos del sol se reflejan en las peñas del Cerro del Águila, en Puebla de Guzmán, bajo cuyo cobijo, en el paraje conocido como Llanos de la Peña, la chimenea de una pequeña casa de campo situada en medio de la dehesa andevaleña, vomita el cálido humo blanco que origina la lenta combustión de la mejor leña de encina.

El silencio es inquietante, pero agradable, y solo es roto a veces por el sonido del motor de algún que otro vehículo a su paso por la carretera más cercana, la A-475 que lleva hasta Tharsis; o el graznido de alguna de las rapaces que, a tan tempranera hora, ya sobrevuela el gélido cielo invernal en busca de sus primeras presas.

En el interior de la casa de campo, al abrigo de la apetecible lumbre y con un café recién hecho en las manos, Vicente Gómez Palacios (45 años), nos recibe con los brazos abiertos, haciendo gala de la cálida acogida que brinda al forastero la gente de esta comarca onubense. Amén de las cumplidas presentaciones, sus primeras palabras son para ofrecer: «¿un café, un dulce, una magdalena?, coge lo que quieras…», insiste.

En torno a una mesa de camilla, y mientras se hace tiempo esperando la llegada del maestro de ceremonias, Vicente resume en pocas palabras qué es y que supone actualmente una jornada de matanza tradicional domiciliaria: «es un día de encuentro entre amigos y familiares, de convivencia, de recuerdos de niñez -y también de aquellos que ya no están, pero estuvieron-, de júbilo, y sobre todo de mucho trabajo». En su caso ha llegado el primero, aún de noche, para que estuviese todo dispuesto a esta hora (son poco más de las ocho de la mañana), sobre todo los cerdos, que llevan prácticamente un año y medio campando –y engordando- a sus anchas por la dehesa, y que a la llegada del matarife –el maestro de ceremonias-, deben estar en el chiquero, ausentes de su fatal destino.

Con el café ya acabado, y mientras seguimos esperando, empiezan a llegar los invitados. Cuñados, primos, hermanos, compadres… Vicente saca una botella de aguardiente de la marca La Peña y con la venerada imagen de la Reina del Andévalo impresa en la etiqueta. Toca calentarse por dentro. Los menos valientes también lo aceptan pero, eso sí, rebajado con agua, y se toman lo que por estas tierras se conoce como un «aguaíllo».

Es la hora señalada y llega el más esperado: el matarife. Diego Jesús Ramírez López (40 años), natural de Puebla de Guzmán pero vecino de San Bartolomé de la Torre, es un hombre enérgico, de esas personas que no pueden estar paradas ni un segundo, de complexión delgada y baja estatura, pero robusto como las encinas que nos rodean. «Aquí está ya. Chiquitito, pero matón», bromean todos cuando lo ven llegar con este ingenioso juego de palabras.

De trato muy afable y con una sonrisa que pocas veces se desdibuja de la comisura de sus labios, Diego saluda a todos, bromea con todos…, pero también deja claro a lo que viene. Como buen profesional no quiere perder tiempo. Sabe la dura jornada de trabajo que tiene por delante. Y es que, su labor no solo se centrará en sacrificar los seis cerdos de Vicente, ya que una vez muertos también tiene que quemarlos por fuera, despiezarlos y finalmente preparar con sumo cuidado los jamones y paletas para su posterior curado.

Llega preparado para la faena. Mono verde de trabajo y un pequeño petate con sus herramientas: cuchillos de distintas formas y tamaños, chaira, quemador a gas, varios ganchos, guantes protectores de malla metálica y una pequeña hacha con el mango de madera de naranjo, tallado por él mismo para lograr un acople perfecto al tamaño y forma de su mano. Pero sobre todo llega con muchas ganas de hacer bien su trabajo, del que sabe que en estos momentos depende en buena medida el esfuerzo de más de un año y medio de Vicente Gómez en la crianza de sus cerdos.

Vicente, por su parte, es el «alma máter» de todo. El heredero de la tradición familiar y, a la vez, uno de los eslabones donde actualmente recae la enorme responsabilidad de que la cadena no se rompa. Y es que, a pesar de que ser ingeniero agrícola, actividad a la que se dedica profesionalmente en una de las empresas citrícolas más importantes del Andévalo, decidió hace ya tres décadas «mantener esta explotación porcina familiar criando y engordando cada año unos cuantos cochinos, que matamos en invierno para consumo propio».

Se trata de una actividad a la que ya se dedicaban sus antepasados, lo cual para Vicente es «normal», teniendo en cuenta que en esta comarca la gente ha vivido tradicionalmente de la ganadería o de la minería. La diferencia, añade es que «mientras ellos lo hicieron por subsistencia, yo lo he retomado por afición, y sobre todo por la satisfacción personal de producir mi propia carne, jamones y resto de chacinas derivadas del cerdo ibérico». «Partir con familiares o amigos en casa un jamón producido por ti es un orgullo», subraya.

Mientras seguimos hablando, Diego ya ha empezado la faena. Ahora sí, el silencio de la dehesa está completamente roto por el indescriptible y desasosegante sonido de los cerdos al ser capturados por el matarife, y recostados por éste con la ayuda de varias personas sobre la mesa en la que uno tras otro, van siendo sacrificados. Debe ser un corte muy certero en el cuello, como el que solo profesionales como Diego Jesús Ramírez son capaces de asestar, para que el sufrimiento del noble animal sea mínimo.

Una vez muertos se espera que los animales se enfríen, antes de proceder a la laboriosa tarea de quemarlos y despiezarlos. «Del cerdo se aprovecha todo, hasta los andares», es un dicho, pero también una realidad, como muestra el hábil matarife mientras va extrayendo de cada uno de los animales tanto las piezas cada vez menos demandadas, como es el caso del tocino o ciertas vísceras, hasta sus partes más nobles y solicitadas como las paletillas y los jamones, que «son la joya de la corona del ibérico», subraya el matarife.

Entre unas y otras hay innumerables partes que se usan, bien para elaborar chacinas, bien para consumo en fresco, como son sobre todo los solomillos, los lomos -que también suelen curarse- o las presas. La carne en fresco suele congelarse para disponer de ella durante todo el año. El tocino se sala y se va consumiendo igualmente hasta la próxima matanza. Y las chacinas, paletillas, jamones y cañas de lomo se ponen a curar en la misma explotación de Vicente.

Mientras tanto María Palacios, la madre de Vicente, pide al matarife algunas de las vísceras de los primeros cerdos despiezados, con las que inmediatamente empieza a cocinar en un pequeño hogar una deliciosa olla de «cachuelas», que según explica es un guiso típico de la zona que suele degustarse tanto los días de matanza, como en Nochebuena.

Para su elaboración, María solicita a Diego las «vísceras blancas y las negras», ya que los ingredientes más habituales son hígado o asadura, pulmón, corazón, recortes de la carne que cubre el hígado, sangre previamente cocida y algunas verduras.

Mientras remueve el contundente guiso, María manifiesta que su familia «ha sido ganadera de toda la vida», por lo que «recuerdo desde siempre esta tradición en mi casa», la cual a su juicio «se está perdiendo». «Yo sigo porque a mi hijo le gusta y lo sigue haciendo», concluye.

Lo mismo opina Vicente, quien añade que «la mayoría de los que siguen son personas mayores. Quedamos muy pocos jóvenes». Y es que «se trata de una actividad muy poco valorada para el trabajo y el coste que supone criar, engordar y mantener a los animales en materia de alimentación, vacunas o desparasitación…». A ello se une «las cada vez mayores exigencias legales y sanitarias, que son las mismas que para cualquier otra explotación ganadera en extensivo, con la limitación de no poder sobrepasar los 25 ejemplares por explotación familiar».

Matanza tradicional: de la subsistencia a lo lúdico

«La hucha del pobre». Así se conoció durante muchos años el criar y engordar en casa uno o dos cerdos, para posteriormente sacrificarlos con el objeto de disponer de su carne y resto de derivados durante todo el año. Ahora se le llama matanza domiciliaria y es una tradición que se está perdiendo.

Dos realidades constatan esta tendencia. Por una parte el cada vez menor número de matarifes y la práctica imposibilidad de vivir actualmente de la actividad; y por otra el cada vez más reducido número de cerdos que se sacrifican al año.

El mejor ejemplo de ello está en Diego Jesús Ramírez López, matarife, pero también trabajador municipal del Ayuntamiento de su pueblo. Este puebleño mató su primer cerdo con solo cuatro años en compañía de su padre, que se dedicada a dicha actividad, a diferencia de él, que no puede vivir solo de los ingresos que ésta le proporciona.

«Cada vez son menos las matanzas domiciliarias», afirma, hasta el punto de mostrarse convencido de que «llegará el momento en que esto se perderá» porque «los jóvenes no quieren dedicarse a ello». Una tendencia a la baja en picado que, a su juicio, se inició hace ya unos 20 años. Diego Jesús ilustra la situación de una forma muy gráfica: «cuando mi padre estaba en plena actividad, con 40 o 50 años, podía llegar a matar unos 2.000 cochinos solo en Puebla de Guzmán, y este año llevaré yo unos 200». «Está clara la diferencia -asegura Diego Jesús- antes se trataba de subsistencia y ahora es lúdico».

Un nuevo tramo de 340 metros une los paseos marítimos de La Antilla e Islantilla

El vicepresidente de la Junta y consejero de Turismo, Regeneración, Justicia y Administración Local, Juan Marín, ha visitado hoy Lepe y ha recorrido junto al alcalde, Juan Manuel González, el paseo marítimo de La Antilla tras la renovación realizada en el mismo gracias a una subvención de 500.000 euros de la consejería. Marín ha recordado que se trata de una obra “muy reivindicada que afortunadamente ya es una realidad” y que “contribuye a poner en valor lo que ya de por sí tiene un atractivo indiscutible, la costa de todo el litoral de Huelva y más concretamente las playas de La Antilla e Islantilla”.

Marín ha felicitado al alcalde y a toda la corporación municipal por la intervención realizada en este espacio ya que “aquí el trabajo es conjunto” para mejorar unas instalaciones de las que podrán disfrutar tanto los vecinos de Lepe como los turistas que vengan a disfrutar de sus playas y de “la hospitalidad, la gastronomía” y todo lo que ofrece “esta maravillosa ciudad”.

Gracias a la ayuda de la consejería, el Ayuntamiento ha podido restaurar el paseo marítimo y mejorado la accesibilidad, mediante un itinerario adaptado de acceso completo desde la zona del viario público hasta la orilla del mar para personas con movilidad reducida así como la adquisición de sillas anfibias para facilitar el baño a éstas. Además, se han instalado un módulo de salvamento, cuatro puntos limpios y un punto de información turística.

Para el consejero de Turismo, todo ello contribuye a mejorar las instalaciones y servicios para los ciudadanos y visitantes, por lo que ha confiado en que “este verano recojamos los frutos” con la recuperación del turismo que ya se ha iniciado en Semana Santa, en la que la provincia de Huelva ha registrado la ocupación más alta y estable de la comunidad durante todos los días, un 78,4% de media que ha alcanzado el 90% en el puente del Jueves Santo al Domingo de Resurrección.