Un médico de Lepe escribió en 1553 el primer libro de medicina deportiva de occidente

Un personaje hasta ahora poco conocido, el médico lepero Cristóbal Méndez, escribió en el año 1553 el primer tratado de la historia del mundo occidental sobre fisioterapia y los beneficios del ejercicio físico para la salud

‘…Mens sana in corpore sano’, la conocida cita latina que proviene de las Sátiras del cómico Juvenal no tenía originariamente el mismo sentido que hoy le damos. En la Roma imperial, la del siglo II, la conocida cita, cuya extensión completa es ‘Orandum est ut sit mens sana in corpore sano’, la frase era tomada como una broma y su sentido redundaba en la necesidad de orar para disponer de un espíritu equilibrado en un cuerpo equilibrado. Hoy la entendemos como ‘mente sana en un cuerpo sano’.

Quien sí lo tuvo claro bastantes siglos después fue un personaje hasta ahora poco conocido, aunque muy cercano: el médico lepero Cristóbal Méndez, que en el año 1553 escribió el primer tratado de la historia en el mundo occidental sobre fisioterapia y los beneficios del ejercicio físico para la salud.

Sin saberlo pues, con ‘Libro del exercicio corporal y sus provechos, por el qual cada uno podrá entender que exercicio le sea necessario para conservar su salud’, Cristóbal Méndez fue un auténtico precursor de la medicina deportiva, y más concretamente de la actual cinesiterapia reumatológica.

Así lo han puesto de manifiesto recientemente en una jornada sobre historia celebrada en Lepe el conocido reumatólogo local Manuel Tenorio Martín, y su hija, también médica, Rocío Tenorio Villegas, quienes abordaron con profundidad la vida del humanista Cristóbal Méndez, lo que su obra significó y el contexto histórico en el que fue escrita.

Según se puso de manifiesto en la conferencia de ambos médicos, el ilustre lepero fue por todo ello responsable del «re-nacimiento», en el año 1553 y gracias a su trascendental publicación, del «binomio ejercicio-salud».

De su libro, según también quedó claro, solo han sido hallados hasta el momento seis ejemplares originales en todo el mundo: dos en El Escorial, otros dos en Yale, uno en Toledo y otro en la Biblioteca Nacional.

La importancia de la publicación radica en ser el primer tratado internacional sobre los beneficios para la salud del ejercicio físico, tanto para personas sanas como enfermas. Y es que en sus 140 páginas Cristóbal Méndez describe numerosas actividades y juegos de la época, calificando la práctica del ejercicio como terapia para prevenir males.

El libro se estructura en cinco partes. Una primera con una relación alfabética de contenidos o materias; la segunda es el prólogo, donde se describen los motivos y finalidad del libro; la tercera incluye una tabla o índice de tratados y capítulos, con su título y contenido; la cuarta el desarrollo de todos y cada uno de los capítulos anteriores; y la quinta y última una página final con un añadido de gratitud –Deo Gratias- con la fecha, lugar y nombre del impresor: Sevilla, 1/3/1553, Maestro impresor Gregorio de la Torre.

En cuanto a su contenido específico, la obra del médico lepero se divide en cuatro tratados. El primero, de doce capítulos en que se trata de «qué sea ejercicio y sus provechos, y de su finalidad, y para qué se inventó»; el segundo, también de doce capítulos, trata «la división del ejercicio… y cual sea mejor de todos»; el tercero, de nueve capítulos, «declara del ejercicio común; y el cuarto, de cinco capítulos, habla del «tiempo conveniente de cada ejercicio».

En materia reumatológica, según detalló el doctor Tenorio Martín en su conferencia, la publicación incluye 24 citas que hacen referencia a enfermedades del aparato locomotor, siendo la más mencionada la gota (siete citas); seguida del mal de hijada –donde se englobaría el actual lumbago- a la que se refiere en seis ocasiones; el reuma, que aparece en cuatro ocasiones, y finalmente también habla de ciática, mal de junturas, dolor de costado, quebrantamiento muscular –o agujetas-, cojera y tullimiento.

Según expresa el doctor Méndez en su libro, el ejercicio físico sirve para mantener y promocionar la salud, así como para recuperarla cuando se ha perdido; así como califica el ejercicio como beneficioso porque genera calor, uno de los cuatro elementos, junto con la tierra, el aire y el agua, que se consideraban, a la sazón, componentes esenciales de la materia.

Por otra parte explica que el ejercicio debe ser voluntario, tolerable –hálito corto-, realizarse con agrado, de forma continuada y progresiva; así como describe algunas recomendaciones para su práctica, entre las que destaca que los ejercicios físicos deben hacerse preferiblemente siempre a la misma hora; aguardando a que transcurran dos horas desde de la última comida; evitarlos cuando se tiene fiebre o se está enfermo; ser constante en la frecuencia de su realización; escoger un atuendo y lugar apropiado por amplitud y ventilación; y no ser realizados hasta la extenuación –hálito corto-.

Por último destaca la importancia del paseo como forma de ejercicio común y asequible a todos, llegando incluso a calificarlo como el mejor y más provechoso de todos los ejercicios. El último capítulo lo dedica a los ejercicios que pueden realizar los enfermos y «tullidos», con una referencia a la utilidad del masaje -al que llama fricación-.

El libro fue publicado en el contexto histórico de una de las épocas más prodigiosas y prósperas para España dado el reciente descubrimiento de las Indias y el reinado de Felipe II. Sin embargo solo tuvo una edición y después se perdió en el olvido.

De hecho, el libro de Cristóbal Méndez fue escrito 16 años antes del más famoso libro de ejercicio terapéutico de la antigüedad, ‘De arte gymnastica’ (1569) del italiano Hieroymus Mercurialis, que siempre ha sido considerado el primer libro de terapia física del mundo occidental. Sin embargo muchos historiadores piensan actualmente que el italiano adoptó muchas de las ideas del libro de Méndez.

De esta forma la obra del español no tuvo tanta divulgación. Mientras ésta tuvo una única edición, la obra de Mercurialis se reeditó y divulgó durante siglos y, de hecho, se tradujo al español, y se reeditó en 1845 con el título ‘Arte jimnástico-médico’, cuando renacía el interés por el ejercicio físico con fines para la salud, mientras la del médico lepero cayó en el olvido.

BIOGRAFÍA DEL HUMANISTA LEPERO

Aunque olvidado, el humanista lepero Cristóbal Méndez fue una de las figuras más notables, a la vez que enigmáticas, de la medicina del Renacimiento español en el siglo XVI. Y no solo por su publicación sobre los efectos del ejercicio en la salud, sino también por otros hechos como haber tenido entre sus pacientes a la esposa de Hernán Cortés o al virrey de Nueva España. Pero fue juzgado por la inquisición y, aunque salió absuelto, su trabajo fue injustamente olvidado por la historia.

El ilustre galeno nació en Lepe en 1500 o 1501. Un dato que conocemos gracias a un legajo que se conserva en el Archivo General de la Nación en México sobre el ‘Proceso del Santo Oficio contra el doctor Cristóbal Méndez’ que reza ‘Le fueron hechas las preguntas syguientes: Preguntado: ¿cómo se llama? dixo que el dotor Xriptóbal Méndez. Preguntado: ¿de dónde es natural de los Reinos de Castilla?, dixo que es natural de Lepe, que es en el Condado de Ayamonte’.

Casi toda la información disponible sobre su biografía proviene de las experiencias, citas y anécdotas que refiere en su propio libro.

De niño se trasladó a vivir a Sevilla, donde recibió su primera formación. Nada se sabe de su familia, aunque dado su nivel educativo debía poseer una situación desahogada, así como bastante interés por la formación cultural y académica de su hijo.

En Sevilla estudió gramática antes de cursar Medicina en Salamanca entre 1524 y 1526. Cinco años más tarde se fue a México, hacia donde embarcó el 24 de julio de 1528 y donde vivió durante 17 años. Allí fue, entre otras cosas, médico particular de Juana Zúñiga, mujer del conquistador español Hernán Cortés, y responsable del Tribunal de Protomedicato, encargado de «examinar a los físicos y cirujanos, ensalmadores y boticarios y especieros y herbolarios y otras personas que en todo o en parte useren en estos oficios…», evitando de esta forma el intrusismo y la mala praxis.

En 1531 tiene que defenderse ante el Santo Oficio de la Inquisición, de una acusación del profesor de la Universidad de Méjico Blas de Bustamante, acerca de la constitución de unos sellos de oro para curar el dolor de riñones. Y aunque finalmente no fue condenado, el contacto con la Santa Inquisición lo marcará durante el resto de su vida, llenando a partir de entonces su obra de jaculatorias y referencias a Dios.

Tras 17 fructíferos años en Méjico decidió regresar a la Península en 1543, instalándose en Jaén y pasando temporadas en Sevilla. Tras la publicación de su famoso libro sobre las virtudes del ejercicio su rastro se pierde. Se cree que falleció en algún lugar de América después del año 1562, ya que en esta fecha embarcó de nuevo y es la última constancia que se tiene de él.

La obra de Méndez hay que contextualizarla en el redescubrimiento que del cuerpo humano se produce en el siglo XVI, y con ello del interés por conservar la salud. Así, en una reinterpretación de la conocida cita ‘…mens sana in corpore sano’, el médico lepero explica que la actividad física realizada con voluntad es esencial para conservar y mejorar la salud del cuerpo y del alma: «para alcanzar la salud del cuerpo, es bueno que se cure primero la del ánima porque el virtuoso con su bondad podrá bien sojuzgar las pasiones del cuerpo», dijo textualmente.

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