Un agricultor de Cartaya estrena el cultivo de la fruta del dragón en Huelva

La agricultura onubense parece no tener límites, sobre todo en la constante búsqueda de nuevos manejos y variedades para las producciones ya tradicionales como frutos rojos, cítricos o frutales de hueso, pero también de nuevas especies que permitan, si cabe, una mayor diversificación.

En los últimos años no han parado de surgir pruebas y experimentos, muchos de ellos ya consolidados en su fase comercial, como es el caso del aloe vera o el pistacho, y más recientemente de otras especies como la stevia, o incluso frutas tropicales como aguacate, mango, o guayaba, entre otras.

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No obstante Filippe Jesús Claudio (47 años), un agricultor nacido en Francia pero de padres portugueses, aunque afincado desde hace varios años en Cartaya, localidad a la que llegó por motivos laborales, ha querido dar un nuevo giro de tuerca a este asunto y se ha aventurado al cultivo de una nueva fruta con la que el campo onubense se adentrará también en el exotismo.

Se trata de la pitaya, pitahaya o fruta del dragón, también conocida como ‘el nuevo aguacate’, un cactus perenne, de porte rastrero y abundante ramificación, del género Hylocereus y originario de América tropical, principalmente de América central y el Caribe, que Filippe Jesús ha traído a la provincia de Huelva desde una comarca portuguesa situada al norte de Lisboa donde desde hace años ya la producen con bastante éxito numerosos productores lusos.

Según ha señalado este emprendedor agrícola a HuelvaCosta.com, el cultivo de la exótica especie también ha sido ya testado en distintos puntos de las provincias andaluzas de Sevilla, Málaga o Granada, así como en la región de Murcia, donde dado el éxito de las pruebas, ya hay agricultores que han iniciado su producción en fase comercial.

También afirma tener constancia de la existencia de grandes empresas agrícolas asentadas en la provincia onubense, concretamente en la zona de Lepe y La Redondela, que «se están interesando por este cultivo, sobre el que ya están incluso experimentando e investigando».

Tan convencido está Filippe Claudio del éxito de esta novedosa especie, sobre todo por estar éste «sobradamente demostrado al norte de Lisboa», que en su finca de Cartaya invirtió el año pasado más de 30.000 euros en sembrar un total de 1.800 plantas de pitaya de la variedad Hylocereus undatus en una superficie de 4.000 metros cuadrados y en régimen intensivo. Además, ya está inmerso en una nueva plantación de cara al año que viene, donde pretende sembrar 8.000 plantas en otra hectárea de terreno y en régimen súper intensivo, tanto de ésta, como de la variedad Hylocererus megalanthus.

Según detalla el agricultor se trata de un cultivo de «fácil manejo» y «muy escaso» mantenimiento. Además, prosigue, no requiere mucha agua, escasamente entre uno y medio y dos litros por planta a la semana en verano, y la misma cantidad para quince días en invierno. Tampoco necesita el uso de productos fitosanitarios, que es «prácticamente cero», por lo que «podríamos calificarlo como un cultivo ecológico y de bajo impacto».

La pitaya se siembra en el mes de noviembre, siendo este el primer año de la explotación de Filippe, quien afirma que «aún es pronto para que sea productiva, y solo obtendré una media de una fruta por planta». No obstante, cuando la planta inicie su fase de plena producción, lo cual será partir de julio del año que viene, «ya obtendré la primera cosecha en serio». A esta proseguirán ese mismo año otras dos, y puede que hasta tres, ya que según explica el agricultor cartayero la planta produce anualmente tres floraciones: julio, octubre y noviembre, y según el clima podría darse hasta una cuarta. Las floraciones suelen coincidir con las noches de luna llena, siendo la primera del año a partir del mes de mayo, extendiéndose hasta finales de octubre, o noviembre en caso de una cuarta.

Dos años después de ser plantada, la pitaya suele producir entre dos y cuatro kilos de fruta anuales, cantidad que se va doblando año tras año hasta el quinto, que es cuando la planta llega a su plenitud adulta. Entonces, asegura Filippe, llega a producir entre 40 y 60 kilos anuales, dependiendo del clima, las podas, el manejo y el mantenimiento de la misma.

Por otra parte la pitaya tiene una particularidad, que para este emprendedor «supone el principal problema de su cultivo fuera de América central», y es que «hay que polinizarla de noche y a mano con la ayuda de un pincel». Y es que según detalla, su flor solo se abre durante una sola noche, a lo que se une que al ser originaria de América Central es polinizada de forma natural por una especie de murciélago que no habita fuera de allí. Los polinizadores naturales en nuestra provincia suelen ser las abejas u otros insectos que, al no trabajar durante la noche, es imposible que realicen dicha labor en el caso de la pitaya. «Algo parecido sucede con la chirimoya en Málaga, que también tiene que ser polinizado a mano» explica Filippe.

Este agricultor afincado en Cartaya también se muestra muy confiado de la «alta rentabilidad» que obtendrá gracias a este novedoso cultivo. Y es que según explica, aunque esta fruta actualmente solo se comercializa en el mercado portugués, alemán, y en otros países del norte de Europa, el agricultor cobra unos cinco euros por kilo, que después el consumidor final paga a entre 14 y 17 en las tiendas.

Ello le lleva a prever que podrá amortizar la inversión que realizó para su actual explotación de 1.800 plantas durante el segundo año de producción.

Para ello, señala, uno de sus principales objetivos pasa por abrir mercado primero en Francia, así como comenzar a fomentar su consumo en España, donde por el momento solo se encuentra en establecimientos gourmet.

Por el momento en la finca que actualmente explota solo es necesario el trabajo de su familia: él, su mujer y un hijo, aunque también se ve obligado a la contratación de personal externo en momentos muy puntuales y para labores muy concretas ya que también cultiva la planta para su venta.

LA FRUTA QUE ARRASA EN INSTAGRAM

La fruta de la pitaya es muy llamativa y vistosa: rosa por fuera y blanca por dentro en el caso de la variedad Hylocereus undatus; y roja por dentro en el caso de la Hylocererus megalanthus. En ambos casos tiene en su interior pequeñas pepitas de color negro que son comestibles, como es el caso del kiwi.

Este hecho, unido a que actualmente es considerado un súper alimento por sus cualidades nutricionales, hacen que la fruta del dragón (dragon fruit), como se la bautizó en Gran Bretaña, se ha convertido en los últimos años en uno de los alimentos más instagrameados, superando las 300.000 fotos en la red con su propio ‘hashtag’.

Se trata de una baya con forma oval, de entre 6 y 12 centímetros de diámetro. La mayoría de las especies presentan una epidermis carnosa con brácteas triangulares de aspecto ceroso. La pulpa del fruto es translúcida, conteniendo en su interior numerosas semillas negras.

La pitaya es muy aromática y su sabor es dulce y agradable, y contiene, entre otros, antioxidantes, mucílagos, ácido ascórbico o fenoles. También es rica en Vitamina C, además de contener vitaminas del grupo B (B1 o tiamina, B3 o niacina y B2 o rivoflavina), minerales como calcio, fósforo, hierro, alto contenido en agua, proteína vegetal y fibra soluble. Las semillas contienen ácidos grasos beneficiosos.

Esta novedosa fruta se puede comer fresca, cortándola por la mitad y extrayendo la pulpa con una cuchara. Igualmente puede incorporarse en la preparación de batidos y helados caseros, mermeladas y compotas, así como añadirse a pasteles y todo tipo de dulces.