Puebla de Guzmán cierra este martes su Romería de la Peña con el traspaso de pendones

En el marco de un domingo luminoso de primavera, y en el magnífico escenario que siempre ofrece el Cerro del Águila, la localidad andevaleña de Puebla de Guzmán vivió el domingo uno de los días importantes de su tradicional romería en honor a Nuestra Señora la Virgen de la Peña

En el marco de un domingo luminoso de primavera, y en el magnífico escenario que siempre ofrece el Cerro del Águila, la localidad andevaleña de Puebla de Guzmán vivió este domingo uno de los días importantes de su tradicional romería en honor a Nuestra Señora la Virgen de la Peña, una de las más antiguas de la provincia de Huelva, declarada de Interés Etnológico y de Interés Turístico Nacional de Andalucía.

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Danza de las Espadas en la Romería de la Peña de Puebla de Guzmán

#EnDirecto. TRADICIONES DE HUELVA. ⚔️🗡. Danza de las espadas de #PuebladeGuzmán

Publicada por HuelvaCosta en Domingo, 28 de abril de 2019

La de este año, además, no es una edición más, ya que los puebleños celebran por todo lo alto el X Aniversario de la Coronación Canónica de la que también es conocida como reina del Andévalo, la cual fue coronada el día 4 de julio de 2009.

La Romería de la Virgen de la Peña, que concluye este martes con el Día Grande de la fiesta, volvió a dejar por tanto algunas de las más bellas estampas de las tradiciones del Andévalo onubense durante su tradicional procesión por el Cerro del Águila, donde tiene su santuario, así como también algunas de las muestras de fervor mariano más profundas y emotivas de la provincia.

Cientos de puebleños se rindieron un año más a los pies de la Reina del Andévalo entre vivas, vítores, aplausos y coplas tradicionales, en una edición en la que ostentan la Mayordomía de la Virgen la familia formada por Manuel Martín González y Mª Cruz Quintial Pascua, ésta última ataviada con el típico y característico traje de gabacha, y quienes no se separaron del paso durante todo el recorrido procesional.

Quienes tampoco faltaron a la cita fueron la gaita y el tamboril, y los danzaores que, un año más, abrieron el cortejo trenzando la ancestral y vistosa danza de las espadas. En la comitiva también participaron el hermano mayor de la Hermandad de la Peña de Puebla de Guzmán, Manuel Carrasco Limón; el presidente de Hermandad de la Peña de Madrid, Carlos Lozano Berrendero; el presidente y el hermano mayor de la Hermandad de la Peña de Huelva, Juan González Rodríguez y Fernando González Miguela, respectivamente; o el alcalde del municipio andevaleño, Antonio Beltrán Mora, entre otras autoridades.

Los preparativos de la fiesta arrancaron hace meses con la elaboración de los dulces tradicionales por parte de los vecinos de Puebla de Guzmán, o con la presentación del cartel anunciador de la fiesta, obra de Antonio Pereira Jiménez. También el pasado 24 de abril Benito Domínguez López fue el encargado de pregonar este año a la Peña los días previos al inicio de la fiesta en un acto donde fue presentado por Ramón Llanes Domínguez.

No obstante la fiesta arrancó oficialmente a primera hora de la tarde del pasado sábado con la recogida de la Mayordomía por parte de la Hermandad y el posterior recorrido de la vistosa caballería por las calles de Puebla de Guzmán, que inició posteriormente el camino que llega hasta el Cerro del Águila. Una vez en el santuario se ofició una misa y se procedió a la cena de romeros.

La fiesta vivió el domingo uno de sus días más concurridos, centrado fundamentalmente en la procesión que, pasadas las 13.00 horas y después de la solemne función religiosa celebrada en el Santuario de la Peña, recorrió buena parte del recinto romero.

Cientos de devotos siguieron a la Reina del Andévalo durante una procesión que, tras dar una vuelta completa a la ermita a hombros de los puebleños, tuvo uno de sus momentos más emotivos en la conocida como «Pisá del potro», una atalaya desde la que se divida el caserío de Puebla de Guzmán y en la que, al grito de «al cielo con ella» por parte del capataz, cientos de manos elevaron a la Reina del Andévalo en su trono hasta lo más alto por espacio de unos minutos, mientras los romeros le cantaron sevillanas, fandangos y coplas tradicionales de Puebla de Guzmán.

Tampoco faltó la tradicional «Comida de Pobres», con la que la Mayordomía obsequia desde hace siglos en la Casa de Fondos a todos los visitantes con carne en caldereta, pan y vino.

Considerada una de las tradiciones emblemáticas de la fiesta, esta Comida de Pobres se repite durante varios días de romería, como un recordatorio de aquellas acciones de caridad que ejercían los mayordomos de la Virgen de la Peña en tiempos de necesidad en los que, como requisito fundamental para la celebración de la fiesta, se debía ofrecer comida al hambriento.

El lunes tuvo lugar la misa y la procesión de la sagrada imagen por los alrededores de la ermita. Ya por la tarde se produjo la bajada de la caballería con la Mayordomía, presidida por la hermandad. Una vez en el pueblo se efectuó un recorrido por las calles.

Hoy martes, Día Grande de la fiesta, tiene como cada año un sabor especial y vuelve a ser una jornada de profunda emotividad. A las 15.00 horas es la recogida de la Mayordomía por la hermandad y, tras recorrer la caballería las calles del municipio y subir de nuevo los pendones al santuario, se inicia un año más el tradicional Sermón de Súplicas.

Se trata de un auténtico acto de fe y devoción mariana, en el que la actual Mayordomía hace entrega de los pendones a la Virgen, y se exhorta a la toma de éstos por los nuevos mayordomos, que gritan el tradicional ¡Viva la Virgen de la Peña!. Es el relevo para la romería del 2020, y uno de los momentos más y esperados por todos los peñeros. La romería se cierra con la bajada de la caballería hasta el pueblo, acompañando a los nuevos mayordomos y anunciando por sus calles la nueva Mayordomía.

UNA DE LAS ROMERÍAS MÁS ANTIGUAS DE LA PROVINCIA

La devoción hacia la Virgen de la Peña se remonta al siglo XV, cuando un pastor de nombre Alonso Gómez encontró dos imágenes marianas en el Prado de Osma, en El Almendro. La tradición refiere que la Virgen se le apareció rogándole la construcción de una ermita en dicho lugar para una de las imágenes, la de Piedras Albas, y el traslado de la otra, la de la Peña, al Cerro del Águila, donde actualmente se erige su santuario, que actualmente es lugar de peregrinación para miles de devotos durante todo el año.

La romería de la Peña es una de las manifestaciones religiosas más antiguas de la provincia de Huelva. A pesar del desconocimiento de su origen exacto, la leyenda fija en 1470 los inicios de la veneración a la Virgen de la Peña, tras su aparición el 8 de diciembre de ese año a un pastor llamado Alonso Gómez. A principios del siglo XVII el culto y la procesión hasta la ermita situada en el Cerro del Águila, una atalaya de piedra situada a escasos cuatro kilómetros de Puebla de Guzmán, estaban ya consolidados. El primer documento escrito de la celebración de esta romería es de 1636, destacando las referencias a la misma en los mandatos de la visita pastoral del arzobispo Jaime de Palafox y Cardona, a finales del siglo XVII. En 1919 tiene lugar la formación de la primera Hermandad.

La romería destaca por su tipismo y tradición, donde el eje central son los cultos a la Santísima Virgen de la Peña, verdadera protagonista de la fiesta. También gira en torno a la figura del mayordomo, a cuyo cargo está el sufragar las expensas de los cultos, comidas de pobres, tamboril y danza. El atractivo turístico de sus diferentes componentes le confiere una singularidad propia e inequívoca. Las caballerías: serias y respetuosas, como verdaderas procesiones a caballo. Las procesiones del domingo y lunes de Peña: multitudinarias, vistosas y emotivas. Las misas romeras: hondamente seguidas y acompañadas de cantos. El Sermón de Súplicas: agradecido punto final a los que acaban de cumplir su papel como mayordomos, y exhortación a perpetuar la romería al año siguiente con otros nuevos. Y por último la animosidad de las calles de Puebla de Guzmán las noches de Peña.

Otros elementos característicos de esta romería son la gastronomía: las calderetas de carne, antiguamente servidas a los pobres y hoy degustadas por todos los que lo deseen en la ‘Casa de Fondos’, junto a la ermita; o los dulces repartidos casa por casa por los mayordomos antes y durante la Romería, entre los que destacan las típicas rosas de miel o los roscos fritos.

LA DANZA DE LAS ESPADAS Y EL TRAJE DE GABACHO Y GABACHA

Los dos ingredientes más genuinos desde el punto de vista folklórico, cultural y etnográfico de la Romería de la Peña son sin duda la Danza de las Espadas al son de los toques de la gaita y el tamboril, únicos en España y exclusivos de esta romería; y los trajes de gabacho y gabacha poniendo de relieve las antiguas raíces de esta fiesta, con influencias aún por descifrar. También destacan las singulares coplas cantadas por los caballistas durante las noches de romería.

La Danza de las Espadas es una vieja y arcaica manifestación artística vinculada a los actos de la romería de la Virgen de la Peña. No se conoce su origen exacto, aunque parece que guarda múltiples relaciones con la espatadantza del País Vasco: idéntica indumentaria de los danzaores, sólo hombres que se cogen de las espadas. Las espadas, esgrimidas con soltura, evolucionan formando jeroglíficos en acción. Las diferentes figuras evocan sagrados misterios cuyo significado se ha perdido. El acompañamiento de instrumentos musicales es también muy similar: txistu y tamboril en la espatadantza, gaita (flauta) y tamboril en la danza de las espadas. Todo ello vincula a los vascos con estas tierras como repobladores en los siglos XIV y XV. La vestimenta consiste en un camisolín blanco, pantalón negro hasta la rodilla, medias blancas, zapatillas negras y fajín azul. La cabeza la llevan tocada con un pañuelo del mismo color que el fajín.

Los pasos más importantes que ejecutan los danzadores y que se han ido transmitiendo hasta nuestros días son el arco de las espadas: dispuesto para que los mayordomos y autoridades pasen bajo ellas. El arco abrenés: para volver a desandar lo andado e ir tejiendo una nueva evolución igual que la anterior. El zigzag: se colocan los danzaores en hileras y cada uno pasa entre los dos compañeros que le preceden. Y finalmente el coro: como su nombre indica consiste en una formación circular de los danzadores.

Por otra parte el traje típico de La Puebla, el de gabacha, se trata de una rica y elegante indumentaria que de ser usado en un principio en todas las grandes celebraciones y acontecimientos familiares, en la actualidad su uso ha quedado restringido como vestimenta de los mayordomos de la Virgen.

Sus principales componentes son falda de terciopelo rojo o negro, con galones dorados o plateados; corpiño ceñido de tisú o brocado con botonadura de plata afiligranada; camisa de hilo blanca bordada en color rojo o verde; chaqueta o casaca, llamada gabacha, de terciopelo negro, muy ceñida a la cadera con faldones abiertos en la parte trasera, broche y botonadura de plata repujada; toca blanca o cruda de tul (algunas bordadas), bordeadas de encaje de bolillos denominados punta capitana; sombrero negro de copa alta, estilo chistera, adornado con plumas negras, moña frontal y hebilla esmaltada; y zapatillas rojas de terciopelo o brocado.

El traje se complementa con diversas joyas como una gargantilla de oro compuesta por doce o catorce cuantas rematadas por un colgante denominado ‘galápago’; una ahogadera de cuentas doradas y plateadas, alternando con corales y rematada por colgante de esmeraldas; pendientes largos llamados ‘arracadas’, unos de oro y otros de oro y esmalte; pulseras conocidas como ‘manillas’ y formadas por dos aros de oro o plata afiligranados; y finalmente un rosario de oro o plata que se acostumbra a colgar del cuello.