La presión social acaba con los casi 45 años de historia del zoo en Ayamonte

Después de una campaña que ya suma casi 15.000 firmas, una denuncia por el "mal estado de los animales", una moción de Recuperemos Ayamonte pidiendo el cierre de la instalación, y una cada vez mayor presión social y mediática, especialmente a través de las redes sociales, el equipo de Gobierno presenta una moción pidiendo la clausura del zoo

La presión social ha precipitado los acontecimientos. Como si de la crónica de una muerte anunciada se tratase, lo que más tarde o más temprano tenía que llegar, al fin ha llegado. Y es que estos días se ha conocido el certificado de defunción del único parque zoológico de sus características que quedaba en Andalucía, el de Ayamonte. Una instalación cada vez más cuestionada ubicada en el Parque Municipal Prudencio Navarro, en pleno centro de la localidad, de acceso totalmente libre, y mantenida íntegramente por el Ayuntamiento con un coste de unos 8.000 euros mensuales.

El intento de los últimos años por mantener abierto el zoológico fronterizo por parte del equipo de Gobierno del PP ha resultado al final infructuoso, y el propio gobierno local, casi asfixiado ya por la presión de vecinos, animalistas, protectoras de animales y otras fuerzas políticas, no ha tenido más remedio que presentar una moción para su debate en el próximo pleno, en la que pide su cierre definitivo y propone su acondicionamiento y reinauguración como parque botánico.

Todo ello a pesar de que en septiembre de 2015, el concejal responsable del zoológico, Aarón Rodríguez, además de hacer una valoración positiva de las instalaciones y de reconocer que “por supuesto, siempre hay cosas mejorables”, también dejó públicamente muy clara la intención municipal de “potenciar” el zoológico “para que siga siendo un atractivo turístico”. “No tenemos ninguna intención de cerrarlo, sino todo lo contrario, -incidió- porque una instalación de este tipo supone un potente reclamo en todo el centro de la ciudad”.

Por el contrario fue también entonces cuando una iniciativa vecinal inició a través de la una conocida plataforma digital una campaña contra el zoo que en pocos días logró 2.700 firmas, y que actualmente roza las 15.000. En la petición se pedía expresamente el cierre del zoológico, bajo el argumento de las “malas condiciones” en que estaban los animales.

La presión social y mediática no paró de crecer desde entonces y, a mediados del pasado mes de octubre, los acontecimientos se precipitaron y la situación del Parque Zoológico Prudencio Navarro de Ayamonte fue objeto de una denuncia en el Ayuntamiento por parte de una vecina, en la que se remarca el “mal estado de los animales” algunos de ellos “desnutridos y sin sus necesidades cubiertas”.

En dicha denuncia, a la que ha tenido acceso esta redacción, se alude al incumplimiento de la Ley 11/2003 de 24 de noviembre sobre Protección de los Animales de Andalucía, y la denunciante pone de manifiesto haber sido testigo de que en este parque “hay varios animales en pésimas condiciones tanto de salud como higiénico-sanitarias”, estando “expuestos a las inclemencias meteorológicas sin disponer de lugar para refugiarse”.

Igualmente afirma que “por la apariencia de abandono y desnutrición que presentan (en referencia a los animales), no cuentan con un cuidado veterinario adecuado, ni con la alimentación pertinente”, y los espacios en los que viven “son auténticos cubículos, y muchos de ellos están cerrados con simples maderas y alambres”. También lamenta que “la distancia entre animales y visitantes es nula en la mayoría de ocasiones, por lo que están expuestos a cualquier agresión, puesto que no hay control alguno de visitantes ni vigilancia en la zona”.

La denuncia detalla que las instalaciones “están muy sucias, el agua parece insalubre y los animales permanecen constantemente tumbados soportando altas temperaturas”, a lo que añade que “hay un tigre, osos, leones, monos, avestruces, ciervos, etc, algunos de ellos presentan síntomas de desnutrición”, así como que “el día dos de octubre, fecha en la que descubrí este parque, no había ninguna persona en las instalaciones”.

Por todo ello, la denunciante reclama que se incoe un expediente sancionador por incumplimiento de la ley, y que se impongan sanciones, todo ello al objeto de que se puedan mejorar las condiciones de vida de los animales del zoológico ayamontino.

La presión siguió creciendo y, el pasado miércoles, 14 de noviembre, el portavoz del grupo municipal Recuperemos Ayamonte (RA), Antonio Nieves, registró una moción para su debate en el próximo pleno en la que se pide expresamente el “cierre definitivo del zoo de Ayamonte” y la “reubicación en santuarios de todos los animales de este parque, sin excepción”.

En su exposición de motivos, Nieves afirma que “es una aspiración que ya se planteaba en nuestro programa electoral, y que ahora viene además respaldada por la mayoría de la población de nuestro pueblo”.

No obstante la sentencia definitiva llegó un día después, el jueves 15 de noviembre, con la presentación por parte del equipo de Gobierno de otra moción de similares características, cuya propuesta de acuerdo solicita que “se realicen los trámites oportunos para transportar a los animales a las reservas o parques con los que se ha acordado su recepción. Dejando únicamente la zona de patos y tortugas”, y que “se proceda al cierre definitivo de la zona zoológica y se acondicione y reinaugure como Parque Botánico Prudencio Navarro”.

A pesar de ello, y a pesar de la presión social, el equipo de Gobierno afirma en su moción que las instalaciones “cumplen con las disposiciones establecidas en la normativa vigente actual”, además de hacer referencia a su “sensibilidad con los animales”.

CASI 45 AÑOS DE HISTORIA

Los orígenes del parque zoológico de Ayamonte son sumamente curiosos. La instalación ayamontina tuvo su germen en los pequeños cercados que los guardeses construyeron hace ahora casi 45 años en el espacio que actualmente ocupa: el Parque Municipal Prudencio Navarro, una zona arbolada muy cercana al centro urbano, con el objeto de criar allí palomas, gallinas, patos, pavos, cabras y otros animales domésticos y de granja.

Aquello levantó mucha expectación entre los niños de la época, que acudían cada tarde allí para observar los animales. De ahí el hecho de que, poco a poco, fuesen incorporándose otras especies más salvajes como zorros, ciervos, cabritas minis o jabalíes. Pasado un tiempo, un vecino de Ayamonte, Paco Conde, viendo la admiración que estos animales causaban entre pequeños y mayores, consigue que uno de los circos que periódicamente pasaban por la ciudad cediese una leona. Fue el primer gran felino, y fue a raíz de entonces cuando el Ayuntamiento empieza a tramitar la documentación necesaria para la creación de un parque zoológico.

Con el paso de los años se fueron firmando convenios con otros parques zoológicos y con distintos circos, creciendo de esta forma la instalación ayamontina, que contó en sus inicios con tres jaulas para monos babuinos, una para un mono verde, una pajarera para periquitos, una charca para tortugas y gansos, una jaula para ciervos, otra para osos y otras dos para tigres y leones.

En 2005 comienza a modificarse la legislación que regula los núcleos zoológicos, cuyos términos no cumplía el de Ayamonte, lo cual obligó al Consistorio a decidir si cerrar la instalación, o por el contrario apostar por ella adaptando las instalaciones a la legislación vigente. Se optó por lo segundo, por tratarse de uno de los puntos de mayor atracción de la ciudad, realizándose las obras bajo la dirección de un equipo de expertos en la materia.

El 15 de julio de 2006 fue inaugurado el nuevo zoológico, bajo el nombre de Paco Conde por ser el principal impulsor de la instalación, aunque posteriormente pasó a llamarse Prudencio Navarro, manteniéndose el nombre originario en una de sus instalaciones interiores. Desde esa fecha cuenta con zona para manipulación de alimentos, sala de necropsias, clínica veterinaria y almacén, así como en la zona de fauna con cubiles interiores donde comen y pasan la noche los animales, y cubiles exteriores donde pasan el resto del día a la vista de los visitantes. Éstos últimos recrean los hábitats naturales de cada una de las especies que albergan con zonas de tierra, sol y sombra, charcas de baño, afiladeros de uñas, y hasta incluso con distintos microclimas.

Las instalaciones recién inauguradas contaban con leones, tigres, papiones, osos, patos, gansos y una gran pajarera. Al siguiente año se amplió con un nuevo espacio para cebras. Al poco tiempo con otra para gamos. Después con un estanque para tortugas de florida en el marco de un programa de recogida de ejemplares de esta especie invasora. Y por último se incorporan tortugas de espolones o de tierra.

En agosto de 2015, según los datos facilitados por el Consistorio ayamontino, contaba con un total de 211 animales de 13 especies distintas: dos leones, dos tigres, dos osos, cuatro papiones, cuatro avestruces, seis gamos, 51 tortugas de tres especies distintas, tres yacos, cuatro loros barraqueros, 18 patos reales y 15 gansos comunes.

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