El Belén más solidario está en Lepe

Con la guardería totalmente transformada y decorada especialmente para la ocasión, un total de 40 menores de cero a dos años están protagonizando este lunes y martes un entrañable belén viviente solidario que, en su quinta edición, es ya toda una tradición en Lepe, atrayendo a menores del resto de centros educativos de educación Infantil y Primaria no solo de dicha localidad, sino también de otras vecinas como es el caso de Cartaya.

Con dicha iniciativa, según ha subrayado Cristina Romero, directora de la guardería «Pintando la luna», se pretenden recoger un año más unos 700 kilos de alimentos de primera necesidad, pero especialmente alimentos infantiles, que posteriormente donan a alguna entidad benéfica de la localidad como es el caso de comedor social que la Fundación para la Cooperación Norte-Sur (Fecons) gestiona en Lepe, o el de una asociación que se encarga de los niños de un centro de acogida de menores.

La idea se desarrolló hace ahora cinco años en el marco de las actividades que dicha guardería lepera organiza con motivo de las distintas fiestas populares que salpican el calendario en dicha localidad costera, y la Navidad «es para nosotros, y especialmente para los más pequeños, un momento muy especial, de ahí hacer un belén viviente de esta envergadura, protagonizado por los propios niños, y que con el paso de los años hemos ido ampliando hasta el punto de que actualmente ocupa prácticamente toda la guardería».

Según explica Romero, el belén tiene también la particularidad de que los 40 niños que participan en él representan a un personaje del Nacimiento «acorde a su personalidad ya que no es lo mismo un niño tranquilo que otro más inquieto o activo a la hora de estar tantas horas haciendo de figurantes».

Por otra parte, añade, todo está realizado «con mucho cariño», y especialmente pensado para que tanto los figurantes, como los visitantes, «puedan tocarlo todo e interactuar con los elementos que lo integran, para que el recorrido por las distintas escenas sea más ameno y no se convierta en el típico museo solo para mirar».

El recorrido se inicia con una especie de censo, en el que dos romanos toman los datos al visitante con el objeto de hacerle entrega de una especie de diploma que acredita haber pasado por las instalaciones, y por tanto haber colaborado con el fin que en el fondo se busca.