Cruz Roja en Cartaya: tras los pasos de una historia de entrega

El investigador local Rafael Méndez ha documentado la historia de Cruz Roja en Cartaya, cuyo primer ‘Destacamento’ ha constatado en el año 1978

La presencia de Cruz Roja (CR) en Cartaya está documentada desde el año 1978. Así lo ha constatado el investigador local Rafael Méndez, actualmente jubilado tras toda una vida entre documentos y legajos como responsable del archivo municipal en dicha localidad costera.

Según la documentación tanto oral, como escrita, que ha podido recabar el exarchivero cartayero, los orígenes de Cruz Roja estarían en la necesidad de contar con un servicio de primeros auxilios en eventos multitudinarios como la Feria o la Romería.

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Sobre los primeros años de los que Méndez ha obtenido datos concretos (1978), se sabe que, al principio, voluntarios de Huelva cubrieron el servicio en dichas fiestas, así como que, en la Feria de 1979, Cruz Roja atendió a 24 adultos y 23 menores en una caseta habilitada para ello y compartida con la Policía Local y los servicios sanitarios

Un año después, el 24 de abril  de 1980, el Partido Comunista de Cartaya solicitó la realización de cursillos de primeros auxilios en el municipio, y aunque el Ayuntamiento llegó a pedir presupuesto para ello, finalmente no llegaron a realizarse.

No obstante en 1982, el Consistorio requirió a CR un informe sobre los requisitos para instalar un puesto de socorro, detallando la entidad que era necesario un edificio de 250 metros cuadrados cerca de carretera nacional N-431, con suministro eléctrico, agua y teléfono. En 1984 fue instalado el primer puesto de CR en Cartaya, en el recinto ferial.

Los primeros voluntarios locales entraron a formar parte de CR animados por Francisco Martínez, que entonces era novio de la joven cartayera Pepi Maestre Rivero, y que tenía amigos voluntarios en Huelva, siendo éste realmente el origen del primer destacamento de CR en Cartaya. En la captación de estos primeros voluntarios también jugó un importante papel el concejal Manuel Gómez Noguera.

Al principio, el cuadrante de guardias lo organizaban dos voluntarios de Huelva: el sargento Serafín González y el alférez Paco Mora, quienes impartieron cursos de Primeros Auxilios, recuperación cardiopulmonar, o sobre cómo usar una camilla o mover y tratar a los enfermos.

Durante esos primeros años prestaban servicio los fines de semana y en horario diurno, asistiendo además a fiestas y eventos deportivos. A ello se sumaban servicios puntuales en la Romería de Lepe o la del Rocío, entre otras, junto con voluntarios de Huelva. El destacamento de Cartaya llegó incluso a gestionar el puesto de CR de Beas.

Durante la Feria de Cartaya recibían refuerzos: soldados que entonces hacían el servicio militar adscritos a CR, siendo máximo responsable el alférez onubense Paco Mora. Uno de los cartayeros que en aquellos primeros años hizo de esta forma la ‘Mili’, según Méndez, fue Manuel Pereira, como sanitario.

Hasta 1989 la estructura de CR fue militar, siendo sus integrantes oficiales, suboficiales, tropa voluntaria (sargentos o cabos) o brigadas; y siendo igualmente el uniforme de estilo militar: pantalón o falda y chaquetón verde caqui, y botas.

Para mejorar sus conocimientos, especialmente en caso de catástrofes, realizaron prácticas de escalada y rápel, y hasta se desplazaron a Vila Real de Santo António (Portugal) para intercambiar experiencias con voluntarios de CR del país vecino. Utilizaban la ambulancia municipal y, como entonces no había médico en Cartaya los fines de semana, eran ellos quienes atendían las urgencias y los traslados al hospital.

Según ha constatado Méndez, los voluntarios durante esos primeros años en Cartaya fueron Serafín González (sargento) y Francisco Martínez (cabo), ambos de Huelva; Pepi Maestre (sanitaria de primeros auxilios), Consolación Maestre (cabo y conductora de ambulancia), Manoli Maestre (sanitaria), Ana Mª Rodríguez (sanitaria y conductora de ambulancia), Paqui Rodríguez (sanitaria), Juana Pepa Zabala (sanitaria), Juan González (sanitario), Antonio Gullón (socorrista), Mª Carmen Benítez (sanitaria), Manuel Ponce (sanitario), Manuel Pereira (sanitario), Domingo Rodríguez (sanitario), Ignacio Domínguez (sanitario), Diego Zabala (sanitario) y Manuel Vaz (sanitario), todos de Cartaya. A ellos se suman Agustín, Águeda y María Jesús, los tres sanitarios de Isla Cristina, y David (sanitario y conductor de ambulancia), también de Isla Cristina.

Según prosigue el exarchivero municipal, «se trataba de voluntarios que, desinteresadamente, pusieron todo su empeño para realizar un servicio extraordinario. Se mantuvieron así durante los 80, tras lo cual cesó la actividad de CR en el municipio. Faltaba ayuda, personal, y no se fomentaba el servicio, lo que condujo a la desmotivación».

Hay que tener en cuenta, incide Méndez, que «no cobraban absolutamente nada», y que incluso «se tenían que traer los bocadillos de casa para comer en las guardias», dándose el caso de que en determinadas ocasiones «comían en casa de las hermanas Maestre Rivero, cuyos padres los acogían con mucho cariño, y que incluso a veces los que venían de fuera, pasaban allí la noche».

«Eran jóvenes que sacrificaban sus fines de semana por los demás» prosigue Méndez, quien añade que «sin embargo, en la memoria de todos, perviven sobre todo los buenos momentos vividos, una experiencia enriquecedora donde compartieron y ayudaron con entrega y sin pedir nada a cambio». Así, «hubo momentos muy felices, y otros de tristeza, como cuando el voluntario David, tras terminar su guardia en Cartaya y dirigirse a su pueblo, Isla Cristina, tuvo un accidente de tráfico en el que murió». «Todos sus compañeros velaron e hicieron guardia por turnos junto a su cadáver, lo mismo que con otro compañero de Beas».

Tras un paréntesis de muchos años, en 2016 se instaló en Cartaya la actual agrupación permanente de Cruz Roja, que cuenta con los mejores medios técnicos, con su comité ejecutivo, con personal contratado, pero «por encima de todo, con sus voluntarios», concluye Rafael Méndez.

El exarchivero cartayero agradece la colaboración de los voluntarios anteriormente mencionados, que han aportado buena parte de los datos recabados, así como muy especialmente a la voluntaria Isabel Zabala.