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Conoce la historia de las salinas Biomaris de Isla Cristina

Manuela Gómez Santana es natural de Isla Cristina y, a sus “algo más de 50 años”, regenta desde hace quince las salinas que su padre trabajó durante toda la vida en las marismas de su localidad natal, las cuales creó en 1954 y puso en funcionamiento en 1955.
Gómez asegura que siempre se había dedicado al cuidado de su casa y de sus seis hijos. Pero cuando éstos se fueron a la universidad “me liberé bastante y me quedó mucho tiempo libre, por lo que empecé a ir mucho a las salinas con mi padre”. En aquella época su progenitor sólo trabajaba la sal de grano gordo, pero “la edad y el cansancio lo obligaron a dejarlo, decidiendo retomar yo la actividad hace unos 15 años bajo la marca de Salinas Biomaris”.
“Nos costó mucho trabajo ponerlo en marcha porque mientras mi padre vendía sin problema la sal a las fábricas salazoneras de la zona, cuando yo retomé la actividad éstas se echaron en cierto modo para detrás y dejaron de llevarse la sal de grano gordo”, afirma Manuela Gómez, a lo que añade que “prácticamente tuvimos que tirarla durante tres años porque nadie confiaba en mí”.
No obstante, un experto de Sevilla “me abrió un día los ojos y me propuso comercializar la flor de sal, que por cierto yo no tenía ni idea de lo que era”. Manuela Gómez se asesoró a través de Internet y de otras personas y descubrió que la flor de sal era la que su padre iba a la salina a tirar por las tardes “porque decía que era la capa que quedaba en la superficie y que evitaba que la de grano gordo se hiciese antes. No tenía entonces ningún valor”. Pero a raíz de este descubrimiento Manuela comenzó a recogerla, le hizo las analíticas correspondientes y descubrió que se trata de una sal muy baja en cloruro sódico y bastante rica en yodo, flúor o magnesio. También supo, por unos amigos portugueses que en la ciudad lusa de Tavira ese tipo de sal se llevaba ya tres décadas comercializando, por lo que “me puse manos a la obra ya muy en serio”.
Uno de sus primeros pasos fue acudir a la Junta de Andalucía, la cual “gracias a mi proyecto empresarial” tuvo incluso que hacer una normativa específica para la flor de sal, inexistente hasta entonces por la ausencia en Andalucía de dicha actividad. No en vano, asegura Gómez, “fuimos la primera salina artesana a nivel nacional que empezó a recoger la flor de sal, las escamas de sal y el magnesio, poniendo en valor prácticamente todos los productos que puede generar una salina marina”.
Actualmente Salinas Biomaris comercializan una amplia gama de productos, todos derivados de la sal, siendo el principal la flor de sal, que es la nata que se queda flotando en la superficie del agua de la salina y que es muy delicada a la hora de recoger; las escamas de sal, un poco más consistentes que la anterior; la sal de grano gordo, que es la que se genera en el fondo de la salina; o un tipo de salmuera o sal de magnesio para uso cosmético que vende a una empresa alemana. Recientemente también ha puesto en servicio en la propia salina un lago de magnesio para aquellas personas que se quieren dar un baño de este elemento, muy beneficioso para determinadas dolencias, así como trabaja en la inminente incorporación de baños de fango para aquellos que quieran ponerse cataplasmas de este material, también muy beneficiosas para algunas dolencias, así como mascarillas exfoliantes en la cara y el resto del cuerpo. Finalmente destacar que también comercializa flor de sal artesana y sin conservantes, colorantes o saborantes, con hasta 35 aromas naturales, que ha ido incorporando en función de las demandas de los propios clientes.